Las evaluaciones las realicé en fechas y franjas variados, metiendo un fin de semana y una tarde entre semana para conseguir una muestra veraz. En ningún instante indiqué que andaba haciendo una revisión; me conduje como un cliente habitual con dudas legítimas. Tomé capturas de pantalla y calculé los tiempos de espera con atención. Este método me aportó datos tangibles, más allá de meras impresiones, y me facilitó elaborar una valoración con base.
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